Se muestran los artículos pertenecientes al tema Irrealismo VII.
Esperando que caigan versos de agua

---oOo---
El miedo a veces
Es tanto el miedo que le tengo a veces
a la mesa de mar donde navego;
a esa silla que sólo sienta insomnios;
al albor del papel vacío y falto
de palabras que no oigo y que me digo,
a las que aquí me escribo; a los poemas
en que me doy, en los que escindo, y soy;
a los ojos cerrados que comprenden
las palabras que no me digo y que oigo;
a la muerte olvidada; a esta niebla
de escribir poesía, a esta forma
distinta de rezarle al dios en que uno
consiste, al dios que a solas todos somos;
a esa raíz que agarra de por vida
en la parcela que mi infierno asigna
a mis manos –que son las que me lloran-
del jazmín cuyas flores son de espinas
esparciendo metáforas del tiempo
disfrazadas de aroma al aire turbio,
contaminado de algo que es creado;
y a mi adentro.
Y a todo lo de afuera.
___________________
El cielo es el espejo del infierno...

---oOo---
El peso de mis nubes grises
Así no. Mi agua es otra. Mi agua no es
como la lluvia impropia pero intensa
que en primavera reverdece el campo,
que limpia el aire, enciende el cielo oscuro
de azules claros, trae el iris mágico
de la infancia que asoma en mi conciencia;
que alivia el peso de mis nubes grises.
No es ésta mi agua. Mi agua nunca cae
si no es de adentro, es niebla rezumada,
y anega la esperanza con tristezas
que mi tiempo derrama en prados yermos;
espesa el aire sujetando al viento;
y, en el infierno, apaga con la noche
todo atisbo de luz; me trae la muerte.
Y alivia el peso de mis nubes grises.
___________________________
Cuando la tarde se vistió de noche

---oOo---
Aún en el después
“Tu paraíso no era verdadero.
Había árboles prohibidos."
Heinrich Heine.
Yo fui romántico una vez tan sólo
en la vida; con lluvia -por supuesto-
y adoquines mojados como espejos
reflejando la luz de una farola
y el amarillo amargo de unos ojos
clavados en el suelo por el peso
del desamor; en ese corto instante
en que la tarde va buscando un traje
de noche que ponerse, fui romántico
en mi vida una vez tan sólo. Ni antes
siquiera, siendo nada, me sentí
romántico. Duró la leve tarde
veleidosa de un breve libro abierto
que me hizo comprender que el paraíso
no es tal si crecen árboles prohibidos.
Después, ya no. Después, sincero en ti
y en lo que escribo y siento, manteniéndome
oculto tras el cortinaje espeso
de la modesta soledad -tan mía-
inventada que tengo por mi infierno.
______________________
Con o sin poesía, elige tú

---oOo---
Buscando en cuál quedarme
Tan fácil es morir estando vivo
que de todas las formas que hay de hacerlo,
hace tiempo, elegí la poesía.
Así, ando recorriendo soledades
llevado por mis versos
buscando en cuál quedarme
-somos solos-.
Guardo en mis manos las templadas aguas
por donde he navegado en sucesivos
falsos sueños –así mi tiempo mido-.
Considero las letras que han pasado
fracasos; aunque siempre he preferido
-y lo intento- escribir hacia delante
para ver hacia dónde van mis versos,
dónde me llevan, qué silencios guardan
que aún no veo,
qué de mí me ocultan.
Todo el silencio me rodea ahora;
volcarlo ya me cuesta; no es como antes.
Prisas y pasos cada vez más lentos
como en la vida misma, que se acaba.
Pura consumición, la soledad,
con o sin poesía.
-Ahora, elige-.
______________________
Déjame en mi silencio

---oOo---
La noche sin embargo
Sin embargo, yo siempre me he sentido
seguro al contemplar la noche. Nunca
la he temido (como él, que nada tiene
que temer), como el que es consciente que es
nada y que casi nada tiene salvo
palabras para nadie. Lo que sobra,
si es que algo sobra en mí, con escribirlo
en un papel me basta. Y otro miedo
menos en mí. Mis miedos en papeles
no me asustan. Distinto sí es que sea
la noche la que en mí me escriba dándome
su miedo, que con forma de silencio
va llenando el vacío con mi voz.
Y temes. Es entonces cuando temes,
porque conoces su lamento amargo,
el que va dirigiendo aquí mi mano.
Temes porque este llanto escrito duele.
_______________
Billete no del Banco al dorso escrito

---oOo---
Huellas en el cajón
No se puede contar de otra manera,
sobre todo si no hay lenguaje o forma
con las palabras que poderse darse
pueda. Por eso busco en mí metáforas
que me salven del frío de esta espera
tomada mientras busco la belleza.
No es posible contarlo de otra forma
porque no hay nada bello en describir
lo que te ves en ti en tan corto espacio
de tiempo. Cuando digo que son huellas
los poemas que escribo estoy diciendo
exactamente eso: que son huellas
que voy borrando con mi triste viento.
Tengo un cajón de huellas lleno, escritas
con letras de poemas, con poemas
y con el miedo justo de saber
del impasible paso de mi tiempo.
____________________
Flash-back (o analepsis, que llaman ahora)

---oOo---
La crónica lacónica
Y es que ya no se puede ni leer
ni escribir poesía mientras -lejos
de terminada la jornada dura
de la asistencia a clases magistrales,
en la Universidad, llena de números
aún quedaba la ardua y solitaria
tarea de ir asimilando en ti
lo aprendido a lo largo
de toda la mañana
y alguna que otra tarde-,
esperas que, a destiempo, llegues
tarde (como antes ocurría) a tu destino;
porque ahora los trenes son puntuales.
Aquellas medias horas, u horas, u horas
y media de retraso, en la ventana
silenciosa del tren, proporcionaban
la elástica y teórica impotencia
(a veces tan bendita, dependiendo
de lo que en esos días Hierro hablase,
cantara Lorca, Luis
llorase desde Méjico,
navegara en su mar de arena Alberti,
o Cirlot u Ory o Grande,
del otro lado oscuro de la pena
-de la irrealidad-, la luz trajesen)
necesaria para entender que el tiempo
que pasa ya ha dejado de existir
en ti, y que sólo quedan
vacíos o pragmáticas palabras
que en verdad no servían para nada
salvo para buscarte. Y encontrarte.
___________________
En mi propio patíbulo

---oOo---
Reo de poesía
“Unos ojos que no conozco observan.
Sé que son de mujer. Eso lo sé.”
Una vez ordenado el cumplimiento
de la sentencia, resignado e ido,
lentamente me voy quitando versos
de encima. Empiezo oyendo –como ausente-
el terrible redoble del tambor
que acompaña al verdugo en su quehacer.
El son me tranquiliza; no le temo;
encuentro amparo en el rumor funesto
al que se abrazan mis palabras breves,
entrecortadas por el llanto agónico
que de ellas brota. No de mí. No siento
ya ni miedos ni duelos. Sólo siento
lástima del poema abandonado
encima del tablero del cadalso
que, con mis manos, he ido construyendo.
Súbitamente todo calla. Ya
no me quedan más versos que quitarme.
Héteme aquí desnudo, despojado
del abrigo que en mí la poesía
ha sido. Ni el silencio me acompaña.
Solo ante la inclemente soledad
me encuentro.
Y es entonces cuando empiezo
a buscarme, a cubrirme con mi manto
de tormenta; a temblar; llorar.
Y escribo.
13-III-1526
__________________________
No hay herejía si hay apostasía

---oOo---
Pecado de soberbia
Convirtió en vino el agua; milagroso
dicen. Prueba mis lágrimas; verás
cuán sencillo es crear el más amargo
de los vinos usando, solo, mi agua.
_____________________
Con los ojos color madrugada

---oOo---
En los años que ya no tengo
En los años que ya no tengo encuentro
esperas encendidas en papeles;
versos como camisas que ponerle
a mi tristeza; y madrugadas de humo.
Encuentro en lágrimas llorados versos
como cipreses; labios que han besado
la arena; y unos ojos carmesíes
buscando siempre dentro de una rosa
los veneros que lleven al lugar
donde ni sombra tenga. Poesía
es lo único que encuentro si desando
lo que ha sido vivido en estos años
que ya no tengo. Y madrugadas de humo.
_____________________
