Se muestran los artículos pertenecientes al tema Irrealismo I.
No existe el mañana...

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Poema de amor
"...Todo habrá sido nada.
Al alba.
Todo
se habrá agostado, al alba: desolados
alientos aniquilan toda vida.
Y será todo al alba. Morirán
mis gritos y silencios; y los tuyos.
Desaparecerá la poesía,
al alba: y toda vida se hace nada.
El mundo no será ya más.
Al alba..."
Me gusta -y sé que a ti también- creerme
que el universo al alba va a borrarse
la noche en que te quedas.
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Saudade

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Ramo de otoño
(Nocturno)
Sé de un lugar amargo como el tiempo
y azul como mi voz al que, obligado
por un profundo impulso mineral,
siempre regreso.
Sigo el rastro oculto
que dejaron mis huellas esparcidas
entre papeles suspirados, blancos
y mudos, que quizás ahora encienda
con mis propias palabras.
Con mis pasos.
Inevitablemente suenan músicas
de no sé dónde; ni por qué.
Ni cuándo.
¿Sonará la palabra en que consisto?
¿De qué palabra soy;
de qué silencio?
¿A qué palabra voy aún sin saberlo?
Con mi acento por lazo brezo el áspero
ramo de acerbas flores que contemplo.
Y otra amapola se deshoja, lenta,
entre mis manos limpias e ignoradas.
Y se me escurren por mis dedos versos
que me abriguen de aquel nocturno otoño
que en soledad habito cuando escribo.
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Poesía renovable. Planta de reciclado de poemas.

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Invectiva y llanto
Que seguirán tapando a mis palabras
con pétalos de rosas ya lo sé.
Desierto en un desierto es mi desierto
cuajado de poemas enjaulados
con pétalos de rosas sueltas -secos-
que mi aliento no puede ya llevárselos.
¡Qué impotencia!
¡Dios mío!
¡Qué impotencia!
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Sigue siendo ojo porque te ve, no porque lo veas

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Te explico
Si es fácil de entender.
Hubo un tiempo que anduve
bebiendo de las aguas
de un mar envenenado.
Pero el mar se secó
-lo secaron tus manos-.
Y hoy, un miedo tremendo
me abruma y me desuela.
Hoy te canto mi llanto
contando los silencios
de estos versos que soy.
De allí los traigo, ardientes
por el sol de mi invierno
que, lento, se me apaga.
Me quedé sin mi mar;
sin sol me estoy quedando,
sin aliento, sin fuerzas
para apartar la niebla
que oculta lo que lees,
que no es más que el vestido
con el que abrigo voces
que ya no tengo y tuve.
Desnuda las palabras
que te estoy dando y mírate,
desnuda, ante el espejo
que soy y que tú estás siendo,
que allí estaré observándote,
como siempre, tan ciego,
tan azulmente ciego.
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Laureles

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El árbol calladísimo del tiempo(*)
(*) verso de César González Ruano
o de Juan Eduardo Cirlot
o de Manuel Segalá
o de Ramón Eugenio de Goicoechea
o de Julio Garcés
Por eso ya no sueño nunca. Nunca.
Y sí lo siento. Siento haber gastado
mi tiempo -que no el lápiz- junto al muro
de mis lamentaciones inventadas.
No soñadas. No sueño, ya no, nunca.
Lo que soñé lo guardo y lo revivo.
Y es que en mis sueños fui la procesión
de encendidas palabras transparentes
que, a la deriva, nunca encontró asilo,
que rota de un abrazo acantilado
encontró varamiento en arrecifes
sin corales; arena, sólo arena
llena de ortigas de hojas sin envés.
Y en lo alto del cantil del miedo fui
la amapola escondida, luminosa,
que ni pudo atisbar la espiga al viento.
Fui yo mismo podando poco a poco
el árbol calladísimo del tiempo
en el que -verso a verso- no cuajaron
los injertos que aún intento. Y nada.
Yo no veo los frutos cuando sueño.
Veo desolación y ramas secas
en suelos llenos de húmedas palabras,
las mismas que ahora piso, las que lloro.
Por eso ya no sueño nunca, nunca,
porque, además, se cumple lo que sueño.
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En la mar

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La Almadraba
El desorden de sombras
que vuelvo a reescribir
y a inventar cada vez
que al alba me levanto.
Mis viejas manos
siempre hojeando
y manchando de angustias
páginas donde duermen
pensamientos creados.
Mi atril de tablas donde
sujeto lo que he escrito
sobre papeles blancos,
en donde vuelan versos
que pretenden llegar
con lentos vuelos
desde mí a ningún lado.
La poesía.
Y mis errores
al intentar
definir con palabras
ese encanto inefable
y misterioso
que poseen los sones.
Esto es lo que me sitia.
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La semana pasada

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La copla erraba
Deja pasar la luz de la mañana
ante mí, silenciosa, y sólo mírame
en esta oscuridad que he derramado.
Traigo conmigo el gesto de la noche
en mi rostro. No leas lo que escriben
mis manos. No me pienses; no me sientas.
Permite que las sombras desdibujen
mi cara envenenada por la música
que la brisa salobre, entre sus brazos,
suave acunaba. El viento asolanado
ha agrietado los labios que te lloran
en palabras azules obligando
que una gota de sangre gris resbale
y caiga en el papel en donde escribo.
No leas lo que allí encontré y que aquí
te cuento tan cansado y sin sentido.
Lee en mis ojos trémulos la luz
antigua que la noche que ahora soy
trajo encendida iluminando voces
sin retener mis lágrimas, que irán
al mar, que es el vivir (la copla erraba).
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El color del cielo de mi silencio.

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Vacío
En tardes soledosas suelo andar
con mi mudez senderos que frecuento.
Ando la misma senda, paso a paso,
y con embargo observo que mis pies
disiden del camino. Van al verso
que, obstinado, cultivo embelesado
con esmero y cenizas. Las cenizas
que esparzo y que sustenta qué sé yo
qué tipo de poema gris tristísimo
salen de aquí, de fuegos encendidos
que encuentro con asombro en la vereda
mientras busco palabras deshojando,
como otoños, las flores que acaricio.
La noche súbita me avisa y premia
a que encienda lucernas lazarillas
que no hacen sino hallarme más perdido;
sus fulgores me ciegan, y me abruman,
y me impiden que encuentre la salida
que de forma sutil de aquí me saque.
No sé cómo entrever la luz que oculta
el candil apagado que una vez
iluminó mi estancia y ya tan sólo
me alumbra este papel que sigue en blanco,
cuyo vacío tanto representa
y que intento aliviar en soledad
con todo mi silencio y mi deseo.
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Lágrimas rosas

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Cae tristeza
Tan triste era la lluvia que pensé
que algún poeta arrepentido estaba
derramando palabras y, ocultando
su rostro entre sus manos, ahogaba
el llanto que a su voz siempre acompaña
para evitar contarlo en un poema.
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A ras del miedo...

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La golondrina
Observo tanto el vuelo raso y lento
y el fugaz picoteo en aguas calmas
que desdibuja, en leves turbulencias
acompasadas, el reflejo incierto
de una realidad inexistente,
que triste me pregunto si estaré
haciendo yo lo mismo en poesía
para calmar la sed que sufro y soy
o lo que hago no es más que oscurecer
con palabras la imagen alagada
de lo que yo consisto.
No lo sé.
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